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PRÓLOGO
En esencia la mayoría de los profesionales que participamos en la vida en una organización acumulamos a lo largo de los años experiencias, nuevas habilidades y conocimientos. Estás, nos hacen cambiar y no solo con respecto al desempeño en la organización sino también respecto a nuestra forma de relacionarnos con los demás; nos cambia nuestro carácter y modela nuestra personalidad. La transformación de nuestro ser profesional y personal se va dando a lo largo del tiempo sin que seamos conscientes de gran parte de este proceso. Se produce un desarrollo personal y profesional intuitivo, marcado por las circunstancias y matizado por la personalidad de cada uno de nosotros. Por tanto, no en todos nosotros los cambios se producen a la misma velocidad y con la misma profundidad. Es un proceso paulatino y aleatorio donde nuestra intervención es mínima. Se podría decir que nos dejamos llevar y tomamos decisiones en los puntos críticos; algunos de los ejemplos más usuales pueden ser:
Son muchas, muchísimas, las situaciones en las que tomamos decisiones sobre nuestro futuro, de manera natural y espontánea. Sin que ello tenga necesariamente que significar que están mal elegidas, ni que sus resultados tengan que ser los no esperados. Para minimizar estas situaciones y para incrementar tanto la eficacia de las decisiones como las condiciones de éxito final de éstas, desde persona hemos diseñado un proceso de desarrollo profesional, ligado al personal, que permite a la persona tomar el timón de su evolución. Importa, y mucho, el momento en el que cada uno de nosotros iniciamos este proceso. Es evidente que no podremos comportarnos de igual manera si estamos en el momento crítico de tomar una decisión, sobre todo si es la de cambio profesional inevitable (por necesidad económica, o una circunstancia personal o una salida de la organización en la que estaba, o simplemente por estar en una situación de “burn out”) que si el proceso lo desarrollamos en un momento de calma y equilibrio, personal y profesional. Aún así, estas dos circunstancias tienen puntos en común. El más importante de todos ellos es que es un proceso de cambio, ni más ni menos, y que somos nosotros los que tenemos la obligación de tomar el camino más adecuado para la carrera profesional y para el entorno personal. Todo proceso de toma decisiones conlleva un profundo conocimiento de las herramientas que utilizamos para ello, en este caso esa herramienta somos nosotros y además estamos solos frente a ella. Conocernos a nosotros mismos, nuestras motivaciones, anclajes, deseos, miedos, limitaciones, manifestar claramente nuestra manera de ver el mundo (no todos lo vemos igual) nos ayudará a dar los primeros pasos para efectuar un desarrollo adecuado a lo que queremos. Siempre es necesario mantener frente al mercado una imagen adecuada a la posición que desempeñamos o desempeñábamos. Nuestras decisiones hacen que la percepción de los que nos rodean varíe y que reaccionen a nuestras acciones de modos diferentes. Pensemos primero en nosotros mismos y desde nosotros, pero no olvidemos nunca de los demás y en que manera nos pueden ayudar a planificar correctamente el futuro. El Desarrollo Profesional no entiende de limitaciones, simplemente nos las ponemos nosotros. Lo que para alguien es un problema para otro no tiene importancia o es una oportunidad. Los límites aparecen al quedarnos parados frente a lo que consideramos una barrera (no tengo título, soy mayor, los idiomas, siempre he trabajado aquí, no tengo que cambiar, para que voy a planificar si no depende de mí…) Después de más de 15 años trabajando con personas, apoyándolas en la planificación de sus carreras y especialmente en los momentos de transición y cambio, puedo asegurarle que usted es capaz de todo aquello que se proponga. Para ello sólo ha de ser sincero consigo mismo, realista y trabajar duro en el objetivo que se plantee. Todo el equipo de persona y yo mismo nos ponemos a su disposición deseándole el mayor de los éxitos.
Javier Martín de la Fuente |
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